Tormenta y hurto en Buenos Aires

Va… algo se resiste a que publique este post, pero insisto. Ya lo habia escrito casi completo y lo perdí por un error del servidor. Decía que ayer coincidieron dos eventos que cambiaron para mi, al menos temporalmente, el panorama de Buenos Aires: por un lado la lluvia con vientos casi huracanados que arrancó árboles de las aceras de la ciudad y por otro, el hurto del que fui víctima anoche en el locutorio en le que me encontraba escribiendo justo el post que publiqué ayer, que tambien salió truncado…no terminaba asi. ¿Qué pasó? Pues que (si, ya sé, no debí hacerlo…) coloqué mi pequeño bolso detrás del monitor de la máquina en la cual me encontraba trabajando y en un momento alguien hizo una pregunta detrás de mi, volteé a contestarle y al volver la mirada nuevamente hacia el monitor… algo faltaba… y sí, corrian dos chicos calle Rodríguez Peña abajo… nada que hacer… más que pedirle al chico que atendía que me permitiera irme al hotel y con mi esposo bajar a la comisaría a poner la denuncia, previa suspensión de la tarjeta de crédito y el celular. Lo que más lamento de lo material, es la camarita digital Benq con todas las fotos que ya habíamos tomado del viaje y con las cuales pensaba hacer mi primer album en Flickr.
Estos momentos que nos colocan en una situación de zozobra son casi indescriptibles. La sensación ridícula de haber sido burlado en una situación de esas de las que siempre penasamos “a mi no me va a pasar” y te pasa a pesar de haberte cuidado (nunca me quitaba el bolso del cuello, pero habia estado todo el día con él y me encontraba en una cabina semi privada de un locutorio en el que pensé que era imposible que algo asi ocurriera). Pero no es para excusas que quiero compartir esto. Paso y ya y ahora algunas notas de lo que me tocó vivir en el trance de lograr que la amenaza fuera mínima. Por un lado, y en primer lugar, llamar al banco para suspender la tarjeta de crédito: puesta a prueba de la usabilidad de las páginas web de los bancos. Se me ocurrió que lo primero que debía hacer era entrar a la página del Citibank en Venezuela para buscar el número de teléfono y llamar. ¡Surprise! No aparecía por ningun lado, así que vuelta al teléfono. Despues de un buen rato tratando de comunicarme con el citibank local, me atiende un joven muy amable que me dice que no, que debo comunicarme con citibank en Venezuela y me pregunta que con cuál agencia quiero hablar. Tan amablemente como pude le respondí que dada la hora y la fecha en la que estábamos, no era pertinente que me diera el número de una agencia sino un número 0800 o el de citi phone banking. Paciencia. Nueva llamada a Venezuela: entre las alternativas que me presentaba la contestadora automática del banco no estaba por ningun lado la de bloquear o suspender tarjetas de créditos y solo fue cuando pedi que me comunicaran con un agente (voz humana, alternativa que figuraba en uuuultimo lugar despues de presionar muchas teclas, que pude reolver parcialmente mis problemas: la tarjeta de crédito quedó suspendida pero sin posibilidades de que me dieran una nueva y sin garantías tampoco de que el famoso seguro por robo al que me afilié me retorne parte del efectivo que habia retirado. No sé como hubiera hecho en el caso de que hubiera estado sola en Buenos Aires, lost in Buenos Aires, sin lugar a dudas. Algo se me habría ocurrido sin lugar a dudas pero fue reconfortante sentir la calidez de mi red humana: Carlos, Gustavo y Fernando con quienes a las dos horas me estaba riendo del suceso.
El siguente paso fue la visita a la comisaría número 5, despues de pasar por el hotel y dejar alli a los chicos y salir con mi esposo en medio de la lluvia. Lástima que no pude quedarme con el texto completo de la declaración sobre todo por la introducción que tienen con un largo discurso acerca de todas las leyes que dije conocer y la promesas de juramento de verdad que tambien hice que no hice pero que estaban tácitas en mi interés por una denuncia que me permitiera, al menos, avalar, la pérdida ante los bancos y la reposición de las tarjetas. Allí tuve claro que no debía hablar de robo sino de hurto y que lo que hacía era una mera formalidad ya que ni siquiera me preguntaron como eran los jóvenes que me había quitado el bolso y juraba que si los veía no los iba a reconocer. Al menos salí con mi hoja tamaño carta con el resumen de mi declaración, la cual debía fotocopiar tantas veces como fuera necesario.
Viernes Santo en Buenos Aires, Calle Corrientes con Rodríguez Peña, pero enla acera de enfrente del locutorio de ayer. Otro locutorio y ningún bolso. El cariño por la ciudad inquebrantable y el recuerdo de Anthony Quinn en Zorba el Griego en aquella escena imborrable del baile después de haberlo perdido todo. El sí.
Va sin foto, esta vez. Se fueron en la camara… je, je… chiste cruel.

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Acerca de Juliana Boersner

Psicóloga Social, Máster en Estudios Literarios y en Bibliotecología y Ciencias de la Información. Docente universitaria, editora, librera. Fanática de las tecnologías de información y su impacto sobre los seres humanos, sus relaciones, su identidad. Humanista digital y analista del tema editorial con especial foco en futuro del libro y la edición.
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5 respuestas a Tormenta y hurto en Buenos Aires

  1. Carlos dijo:

    ID: 427800
    Que terrible lo del robo, y sobre todo los tramites. Eb Enero sufrí algo parecido y lo que queda claro es que lo material serecupera o se pierde pero las fotos para tu proyecto flickr, ya no serán.

    Mi solidaridad a lo lejos a ti y a tu familia
    Carlos

  2. norte dijo:

    ID: 429814
    Lamento mucho juli tan penoso acontecimiento.
    cuando vengas a argentina… NO VAYAS A CAPITAL…
    HAY DEMASIADAS COSAS LINDAS POR TODO EL INTERIOR, PARA EL SUR, POR EL NORTE Y POR EL OESTE… PERO OBVIA LA SELVA DE DELINCUENTES.
    Un beso
    Jorge

  3. ID: 1511605
    Hola. El volúmen de sus publicaciones… La fuerza que su trabajo revela… La amplitud de sus conocimientos… La habilidad para la eficacia en lo que hace… Me son inhibitorias para un debate; y menos aún con una señora. Pero como otra vez menciona a mi ciudad -en lo reciente es por la muerte de la poeta connacional suya-, esto me hizo recordar las otras veces; y me volvió la picazón. Es curioso que estén en lo suyo así de asociadas, la fatalidad, las pérdidas, las muertes; con esta gran aldea. (Libertella, la periodista rusa).Quizá esto suceda porque yo vivo en ella. Para nada comparto la condena de Jorge ó Norte aquí arriba. Aquí hay muchísima buena gente, que es de los vecinos. Y hay de los otros… de los que no conviven; sino que hacen sus ganancias. No pude aún dar vía a los trackbacks; y estoy recansado. Por ello le garabateo en comentarios. Pasen buenas fiestas.

  4. Juliana dijo:

    ID: 1512275
    Hola Sergio:
    Me dejas de una pieza con lo que me dices, con lo que descubres. es totalmente cierto y no me habia dado cuenta!Y no es eso lo que sienot por Buenos Aires. La amo a esa ciudad! Creeme que, de hecho, si pudiera, estaría alla gran parte del tiempo o por un tiempo.
    Me dejas reflexionando… y felices fiestas para ti tambien

    Un abrazo

  5. ID: 1514394
    Ok’. La muchedumbre. como la de BUE, produciría cierta amencia individual, como la del amor, como la de la muerte. Quizá sea ese el emparentamiento asociativo. Pero yo no diría que la amo así a esta ciudad. Es para mí como una madrina. Ah! que si sería de darle oídas al consejo del Jorge arriba; es de tener en cuenta que para el Este se puede rajar de aquí; hacia la Isla de Martín García (arg.). Bueno; hasta el año próximo.

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