Adiós al tren cartonero

Este es un post que tendría naturalmente otro lugar que es el del blog En tren de sueños de Adriana López y casi que siento que esta entrada la estamos escribiendo ambas ya que conversando ayer por chat nos dimos cuenta de que nos embargan los mismos sentimientos con respecto a esta noticia que les voy a comentar.

Antes de seguir, sin embargo, debería advertir que este post ha sido escrito no en dos sino en tres tiempos y no a dos sino a tres manos (Gracias a Carlos por los videos y a Adriana por sus palabras), porque en el transcurso de su redacción ocurrió una noticia que anulaba a la primera pero que casi inmediatamente fué anulada sosteniéndose la primera: la suspensión del Tren Blanco o Tren Cartonero en la así llamada ex-linea Mitre en Buenos Aires, que hizo su último viaje la noche pasada. Acá un vídeo para que lo conozcan y sepan de qué vamos a hablar:

La noticia inicial que apareció en Clarín comenzaba así:

Esta noche se efectuará el último servicio, que transporta diariamente a unos 600 cartoneros desde Retiro hacia el Conurbano bonaerense. La concesionaria TBA afirma que el levantamiento se debe a actos de “vandalismo” y la “depredación”. En julio había tomado la misma medida en la ex línea Sarmiento.

Inmediatamente, sin embargo, se introdujo un recurso de amparo en contra de una decisión arbitraria que había sido tomada y apenas comunicada a los usuarios dos días antes sin mayor explicación.

Acá un itinerario de las decisiones y contradecisiones:

Eliminan el tren para cartoneros de la ex línea Mitre

Ordenan mantener el servicio del tren blanco

El tren blanco no se para

Pese a un amparo, TBA canceló el tren cartonero

Algunos de ustedes podrán preguntarse y por qué a mi que ni siquiera vivo en Argentina, me interesa el tema del tren blanco y, aún más, por qué me ocupo del tema de los cartoneros porteños. La primera respuesta es por un asunto de cariño por la ciudad, por el país, y por una suerte de solidaridad empática con aquellos que se quedan aún con menos que nada, pero sobre todo por la cantidad de implicaciones sociales y culturales que tiene esta decisión. Y, por supuesto, porque se trata de un tren más que deja de transitar por las vías férreas de la capital argentina.

El tren blanco tiene su origen en el 2001 en plena crisis económica argentina en la que, o gracias a la cual, surgieron los cartoneros como figuras que, en medio de la imposibilidad de acceder a puestos de trabajos estables, se dedicaron a vivir de la recolección de la basura reciclable, de la misma manera en la cual en Venezuela tenemos a los recogelatas que son quienes se encargan de clasificar la basura y recopilar todas las latas para luego llevarlas a los sitios de recolección y ganarse algo mínimo para su sustento.

Leo en una de las noticias:

El tren cartonero es uno de los símbolos que sobrevivieron de la crisis de 2001. Pero se extendió en el tiempo y se fueron agregaron nuevos horarios. Pero ahora la empresa quiere terminar con el servicio no sólo por el estado de los vagones, sino también porque generan molestias a los demás pasajeros.

En esas oraciones está esencialmente la respuesta a todas las fuerzas que se mueven en torno a la problemática de los cartoneros, que es la problamática de tantas personas en nuestras sociedades. Como escucho en un documental, los cartoneros siempre han estado allí, pero su presencia, su visibilidad social se hizo mucho más clara a raíz de la crisis económica que llegó a convertir al reciclaje en un negocio.

El tema en si mismo amerita toda una investigación pero para lo que hoy me ocupa, que es la suspensión de la ruta Mitre del tren Blanco o tren Cartonero, se trata de la suspensión de lo que se había transformado en un derecho de estos trabajadores informales pero útiles a la sociedad.

Hay toda una documentación sobre el tema de los cartoneros que puede ser seguida a traves de la prensa e, incluo de youtube. Está el documental Cartoneros que ya citábamos arriba y artículos como La Argentina de cartón donde leemos:

La trayectoria vital de una/un cartonero tiene estos pasos cantados 1) vida de trabajador relativamente formal; 2) desempleo; 3) abismos materiales, familiares y psicológicos varios; 4) inmersión en las bolsas de la basura.

Y más adelante y como ilustración de una de las tantas historias de vida:

Todas las historias de los cartoneros son historias de declinación y también de salvataje. Como la de Roxana, de 34 años, que rebusca con alguno de sus cinco hijos desde hace cinco meses, luego de que el desempleo la cacheteara desde diciembre:

—Ante todo, somos lo más bajo. Decís cartonera y podés decir ladrona, como dice (Mauricio) Macri. Pero esto es un sueldo que entra en la casa, cinco, seis o siete pesos. Con eso podés, ante todo, pagar la comida y el gas, una garrafa anda por los 23 pesos. Yo vendo en el día, acá cerca, en un camión que para en la calle Venezuela. Necesito la plata. No puedo amontonar la basura en casa. Tampoco se recoge tanto. Hay mucha gente y poco papel.

Bien, allí el retrato de los afectados, que son alrededor de 600 cartoneros que se movilizaban diariamente en la ruta del tren Blanco que fué implementado justamente para responder a la necesidad de transportar los materiales sin “molestar” a los demás pasajeros. Ayer, ese tren hizo, aparentemente, su último viaje y los encargados de tomar la decisión le achacan la culpa a los propios usuarios a quienes acusan de vandalismo. Las condiciones materiales, según esta visión, obligan a suspender el tramo de tren que, dicho sea de paso, no era gratis para los cartoneros ya que pagaban unos 18 pesos al mes para poder usarlo.

Meses antes ya se había suspendido la línea Sarmiento y fue sustituida por un sistema de camiones, alternativa a la cual se habían negado los cartoneros que usaban la línea Mitre. No he visto tales camiones. De hecho, le he pedido a mis amigos que si logran una foto me la envíen para conocerlos pero el primer comentario que me ha llegado es que “los encierran para que no se vean” y esa frase me dió una clave importantísima porque se trata de que justamente se está tratando de invisibilizar aquello que la sociedad rechaza, aquello de lo que se averguenza pero sin lo cual no puede vivir.

Los cartoneros son un puente entre la sociedad y sus desechos y son transformados ellos mismos en un desecho y por lo tanto son nuevamente escondidos porque es mal visto que estén allí. Son recuerdos de un momento feo de la historia del país y, al igual que el chico o la anciana que ha estado siempre pidiendo limosna en el semáforo, ellos seguirán allí peleando por su supervivencia a merced, dicho sea de paso, de la maquinaria que ha reconocido en esto un gran negocio.

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Acerca de Juliana Boersner

Psicóloga Social, Máster en Estudios Literarios y en Bibliotecología y Ciencias de la Información. Docente universitaria, editora, librera. Fanática de las tecnologías de información y su impacto sobre los seres humanos, sus relaciones, su identidad. Humanista digital y analista del tema editorial con especial foco en futuro del libro y la edición.
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