¿Ha muerto la lectura?

Ya me adelanto a pensar en sus reacciones al leer el título de este post, pero es que es justamente lo que me sugiere el artículo Leer o no leer escrito por Eduardo Mendoza y en el que el autor catalán parte de la comparación de dos libros para discurrir acerca de la lectura y su influencia en la conformación de la identidad del ser humano. La primera obra en cuestión es Firmin de Sam Savage y la segunda es Los príncipes valientes del autor Javier Pérez Andújar. Mendoza coloca el problema sobre la mesa:

De lo que aquí se trata es de determinar, a partir de ambos relatos, el lugar que desempeña la lectura, y más concretamente la ficción, en la construcción de la propia identidad y en la concepción del mundo que nos rodea: en suma, de lo que normalmente llamamos experiencia. Y, acto seguido, decidir si la ficción es una forma de entender y, en consecuencia, de domesticar la vida o si, por el contrario, quien acumula ciencia, acumula dolor, como dice la Biblia y Firmin corrobora.

Lectura de la imaginación, lectura de la acumulación

La literatura, dice Mendoza, es un producto cultural y un producto de consumo y enseguida introduce una diferencia entre tipos de lectura y añade:

Leer con fines únicamente formativos o en busca de datos, o, en el otro extremo del arco, por puro pasatiempo, no es hacer uso de la literatura. La variedad y la acumulación son rasgos esenciales de la literatura: muchas lecturas de diversa índole dejan en el lector un poso imaginario que es, en parte, su experiencia, y, en parte, una herramienta compartida para articular las experiencias provenientes del mundo exterior.

Esta diferencia, sobre la cual no profundiza (creo que no era el quid del artículo), es digna de ser retomada a futuro porque, quizás de lo que se trata es de que no toda lectura está decayendo sino que está decayendo la lectura de ficción, la de la imaginación, la de la fantasía. La lectura, sin embargo, tiene para él una relación fundamental con la experiencia del lector, tanto con la que ya tiene como con la que la literatura misma le puede provocar.

Leer, ¿una cuestión de tiempo?

El tiempo para la lectura en la actualidad no es el mismo que era para las mujeres decimonónicas que él menciona y no le falta razón cuando agrega (y perdonen tanta cita pero es que me parece fundamental):

En la sociedad actual el trabajo es menos estable, más competitivo y absorbente, pero también más gratificante si se lo compara con la tediosa molicie que describen los relatos decimonónicos, lo cual, unido a las experiencias personales de primera mano, dejan poco espacio para la lectura, tanto por lo que se refiere al tiempo como por lo que respecta a la carga emocional que en su momento aportaba al lector.

¿La realidad se ha vuelto más placentera y por ello no sentimos la necesidad de huir de ella a través de una nueva novela? ¿La realidad ha superado a la fantasía literaria como fuente de gratificación y placer? ¿Lo han hecho otros medios multimediales como el cine, los videojuegos o Internet? La discusión es fascinante. No es la fantasía la que hay perdido terreno, tampoco la narrativa (o la narratividad), es quizás el medio. A veces pienso que estamos rodeados de tantas novelas, de tantas historias, que la literatura ha perdido terreno como fuente de sorpresa. El otro se nos impone, se nos aparece frente a los ojos y no lo podemos ignorar. Creo que si es un asunto de identidad o, más bien, de la manera cómo vivimos nuestra propia identidad y la de los otros (Nota: retomar El homo videns a ver si da algunas claves).

Un poco en ese sentido creo que cierra Mendoza este párrafo con una frase dura:

Si hemos sobrevivido al hundimiento de las ideologías, la destrucción de la familia y la muerte de Dios, también sobreviviremos a la desaparición de la lectura como forma de vida.

Lectura e individualismo

Termina el texto con la recreación de una de las imágenes de la novela de Savage cuando comienzan a derruir el espacio de la librería. El fin apocalíptico de los libros, fin apocalíptico del placer de la lectura y emergencia del colectivismo que borra la individualidad. La lectura acumulativa, teme el autor, acabará con el acto solitario, placentero de la lectura de novelas, acabará con la identificación con el héroe:

Es difícil no identificarse con esta amargura y, al margen de las consideraciones precedentes, no sentir un escalofrío ante una etapa en la que la literatura habrá quedado reducida a una asignatura académica y nadie se sumergirá por puro placer en la lectura de una obra tan improductiva como La cartuja de Parma. Porque, como ejemplifica Pérez Andújar, la lectura, en la medida en que implica la identificación con un héroe o un antihéroe, conduce al individualismo en esta época de agrupamientos, y constituye, a falta de alternativas, el último espacio propio de libertad.

El último espacio propio de la libertad ….queda resonando la frase al final de un artículo más pesimista que optimista, que no deja como mucho espacio positivo al rol de la lectura y la fantasía en nuestro mundo contemporáneo. ¿Quién o qué ha tomado ese espacio? ¿Internet? ¿Los mundos virtuales? ¿Ha muerto acaso la fantasía? Me niego a pensar que eso sea cierto.

La conversación ha de seguir.

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Acerca de Juliana Boersner

Psicóloga Social, Máster en Estudios Literarios y en Bibliotecología y Ciencias de la Información. Docente universitaria, editora, librera. Fanática de las tecnologías de información y su impacto sobre los seres humanos, sus relaciones, su identidad. Humanista digital y analista del tema editorial con especial foco en futuro del libro y la edición.
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4 respuestas a ¿Ha muerto la lectura?

  1. dan3 dijo:

    Si cae el consumo de entretenimiento, nos hemos vuelto más reflexiv@s y queremos contenido más cultural. Podría ser en usuarios madurit@s. También la novela tiene su edad.
    Si los cambios se deben a aceleración vital y estamos perdiendo capacidad de prever, de anticipar experiencias y demás… Supongo más bien que las estaremos sustituyendo por otras formas de imaginar, de anticipar futuros o de pensarnos a nosotr@s mism@s.
    Creo que ambos son principios, y permanecen aunque se transformen. (Mejor lo intento decir en un post, que me lío)

  2. admin dijo:

    Lo espero!! Introduces unos elementos interesantes en esto. Pienso que quizás la novela tiene como dos etapas (eso decía mi abuela) o, más bien, que existen novelas para dos etapas de la vida. Las novelas del descubrimiento, de la fascinación (y también del dolor)y las de la madurez.
    Tiempo e imaginación son dos elementos fundamentales. La discusión puede tornarse muy interesante.

    Gracias, Dan!

  3. dan3 dijo:

    se me hace sabia tu abuela, sólo corregiría que las del dolor, para mi son incoación temprana de las novelas que leeras de mayor, para terminar abandonándola o llevándola al ensayo, a la biografía… entre lectores maduros

  4. augusto dijo:

    Hay un tratado de Marcel Proust, “sobre la lectura” que trata estos temas de una forma deliciosa y absolutamente lúcida.

    Saludos.

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